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No descargue su mal humor con sus hijos

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No descargue su mal humor con sus hijos

Mensaje por Marko el Sáb Nov 06, 2010 9:49 pm

Largos días de trabajo, problemas de toda índole hacen que los padres lleguen a casa agotados, preocupados y malhumorados y, claro, al encontrar que todo está patas arriba: juguetes en el piso, comida en las habitaciones, mochilas abiertas con libros y cuadernos desparramados, estallan. Cualquiera puede perder la paciencia frente a ese escenario y descargar la frustración, el cansancio, hasta estallar en frente de sus hijos quienes, por cierto, se descontrolan y no saben qué mismo hacer.

Es comprensible que esto suceda, sin embargo, enfurecerse hasta el punto de tratar mal a los hijos no es una buena salida. En el trabajo, con los amigos los adultos nos comportamos adecuadamente a pesar de los sinsabores que a diario pudiéramos enfrentar. ¿Por qué entonces no demostrar la misa actitud frente a los hijos cuando al llegar a casa encontramos un desorden absoluto luego de haber tenido un día complicado en el trabajo? Si con los extraños a nuestro hogar medimos nuestras palabras y nos controlamos ¿cómo no hacerlos en casa con nuestros hijos?

Los adultos solemos usar palabras cariñosas, positivas y gratificantes con los niños, en especial si son nuestros hijos, sin embargo cuando estamos cansados y malhumorados por razones que no tienen en verdad nada que ver con el comportamiento de los niños, nos enfurecemos, usamos un vocabulario destructivo, hiriente y negativo y, muchas veces, es también nuestro cónyuge quien recibe la peor parte.

En cambio si estamos relajados, descansados y de buen humor no hacemos uso de un vocabulario negativo o hiriente como cuando estamos cansados, estresados o con problemas en el trabajo y terminamos por mostrar nuestro peor lado. ¿Cómo se sienten nuestros hijos y nuestra pareja si aparecemos en casa dando gritos, emitiendo acusaciones o descalificándoles?

Según Adele Faber, autora del libro “How to talk so kids can learn at home and in the school” dice que las palabras tienen la habilidad de perdurar en el tiempo y de manera venenosa en la memoria. Lo más grave, según la autora, es que los niños las resucitan más tarde en sus vidas para utilizarlas como armas contra ellos mismos. Si bien enfadarse o tener ira no es negativo en sí mismo, pues son sentimientos muy humanos, lo que se debe tratar es de manejar esa ira y no dañar a los demás debido a como nos sentimos. Los padres diariamente nos enfrentamos a situaciones de conflicto con nuestros hijos. Su desobediencia, poca colaboración o su inmadurez, sin embargo esto no nos concede una licencia para dar rienda suelta al mal humor y a la rabia. ¿Cómo manejar estas situaciones sin salirnos de nuestras casillas y evitando estallidos de rabia y arrebatos de malhumor?

Aquel viejo consejo de contar hasta diez antes de decir algo puede surtir efecto. Alejarse por un momento de la habitación para tranquilizarnos también es de ayuda. De todas maneras, una vez que las aguas bajan de nivel y nos calmamos podemos con mayor tranquilidad conversar con los hijos, decirles que no está bien que dejen las cosas regadas por toda la casa, pedirles que hagan silencio y terminen con sus tareas a tiempo, contarles que hay ocasiones en que estamos muy cansados y eso nos causa malhumor pero que intentaremos siempre dialogar en lugar de explotar.

Aunque todos hayamos alguna vez perdido el control y utilizado palabras agresivas con nuestros hijos, todos somos también capaces de pedir perdón y de demostrarles que sentimos mucho lo sucedido, así se cicatrizan las heridas interiores causadas por las palabras y actitudes incorrectas. Las palabras deben construir y no destruir las relaciones con los hijos. Demostremos siempre a nuestros hijos lo mucho que les queremos, usemos una disciplina adecuada y evitemos excesos. Digámosles a diario cuánto les queremos y pidamos su cooperación y comprensión.

Marko
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