Adventista


Últimos temas
» Juegos Biblicos en PDF
Sáb Feb 26, 2011 6:27 am por Marko

» No descargue su mal humor con sus hijos
Sáb Nov 06, 2010 9:49 pm por Marko

» Vivamos la felicidad en el hogar
Sáb Nov 06, 2010 9:48 pm por Marko

» Capítulo 1
Mar Ago 31, 2010 8:15 am por Marko

» Capítulo 2
Mar Ago 31, 2010 8:14 am por Marko

» Capítulo 3
Mar Ago 31, 2010 8:14 am por Marko

» Capítulo 4
Mar Ago 31, 2010 8:13 am por Marko

» Capítulo 5
Mar Ago 31, 2010 8:12 am por Marko

» Capítulo 6
Mar Ago 31, 2010 8:12 am por Marko

Buscar
 
 

Resultados por:
 


Rechercher Búsqueda avanzada

Octubre 2017
DomLunMarMiérJueVieSáb
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
293031    

Calendario Calendario

Palabras claves

Navegación
 Portal
 Índice
 Miembros
 Perfil
 FAQ
 Buscar
Visitas
free counters

El ‘peligro’ de los padres sobreprotectores

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

El ‘peligro’ de los padres sobreprotectores

Mensaje por Marko el Lun Ago 30, 2010 5:00 am

Altas dosis de cuidados, atenciones y precauciones sin fundamento son un error a la hora de criar a los hijos, pues perjudican aspectos del desarrollo y generan inseguridad. Para Rafael Vásquez, siquiatra especialista en niños y adolescentes y profesor de la Universidad Nacional en Colombia, la sobreprotección es un estilo de crianza que consiste en adivinar o prever las necesidades del menor antes de que este las manifieste. “Ese comportamiento es ideal hasta los 8 años. De ahí en adelante, la intención de la crianza es permitir que el pequeño exprese sus necesidades y en el tránsito de la infancia a la adolescencia aprenda a resolver por sí mismo tareas de la vida cotidiana, con la ayuda del adulto”, dice el experto.

Grados de sobreprotección
Según Claudia Jiménez Chacón, sicóloga, hay diferentes tipos de padres sobreprotectores. En un grupo están los que manejan un nivel alto de inseguridad y sienten que si dejan de ejercer una protección exagerada, su hijo corre el riesgo de perderse o ser robado.

“Tienen miedo de exponer al niño a sitios públicos, cuando el riesgo real es que el infante pierda la oportunidad de compartir espacios formativos, que hacen parte de su vida diaria”, comenta.

En un segundo grupo se ubican los que albergan sensaciones de ansiedad, porque temen que el pequeño se caiga, se enferme o adquiera alguna infección. “Lo que necesita el pequeño es seguridad y guía por parte del adulto. Hay que vigilarlo, pero no hasta el punto de impedirle que se desarrolle, a través de ciertas actividades”, añade Chacón.

En un tercero grupo se encuentran los que se empeñan en que sus hijos no sufran ni tengan ningún contratiempo. Si, por ejemplo, se le cae un juguete, la mamá se apresura a alcanzarlo y no permite que él aprenda a hacerlo.

Estos adultos tienden a impactarse cuando sus hijos lloran y no les permiten expresarse a través del llanto. “El papá protector, sin darse cuenta, bloquea e interfiere negativamente en el desarrollo del hijo. De ahí que en la etapa escolar pueda tener retrasos en el lenguaje y sea demasiado inseguro, porque su ambiente no le permitió desarrollar dichas habilidades”, concluye la especialista.

Ejemplo
Ana, de tres años, está jugando en el parque. Un niño se acerca a ella le quita el juguete, la empuja y ella llora. Mamá que ve la escena se levanta, busca a ese niño, le quita el juguete y se lo devuelve a su hija.

La mamá de Ana ha resuelto satisfactoriamente el problema de su hija, pero ¿y Ana? Ha sido una mera espectadora, y cuando vuelva a suceder otra situación parecida volverá a recurrir a mamá. Ella no sabrá cómo resolver este problema.

A menudo, los padres, de manera inconsciente, tienden a hacer de barrera entre sus hijos y sus problemas, para evitar que ellos sufran. No se dan cuenta de que con esta actitud lo que consiguen es que sus hijos no encuentren estrategias para enfrentarse a los problemas, ni de pequeños, ni de mayores.

Es cierto que los niños nacen muy indefensos y necesitan del amor de sus padres para desarrollarse como persona, pero crecer implica, en función de su edad, la consecución de algunos logros tales como:

* Conquistar su autonomía.
* Desarrollar estrategias para resolver conflictos y dificultades.
* Tolerar la frustración. No siempre las cosas son cuando uno quiere y como uno quiere, por tanto, hay que aceptar las alegrías y los fracasos.
* Tener cierta libertad para tomar decisiones y aceptar sus consecuencias.

Aunque estas cuestiones parecen una obviedad, me encuentro cada día con muchos padres con grandes dificultades en este terreno, y por tanto me encuentro con niños de cinco y seis años que siguen tomando biberón o que sus madres les visten todas las mañanas para ir al cole. ¡Cuidado! Son niños de 5 años no bebés de 5 años.

Muchas veces los padres justifican su actuación diciendo que es por comodidad, que no tienen tiempo, etcétera. Puede haber mil excusas, pero lo cierto es que al niño le hacen un flaco favor. Estos niños se vuelven dependientes del adulto, inseguros en sus acciones, con dificultades para enfrentarse a situaciones difíciles. Y eso sí, de repente a los quince años se le exige que madure, que se responsabilice de sus tareas, que tiene derechos y obligaciones. Esto no se aprende de repente, es un aprendizaje que se da desde el nacimiento y, aunque no hay pautas para educar a nuestros hijos, el único modo de ayudarles a superar las dificultades es dejándoles que se enfrente a ellas desde pequeños.

Al niño hay que hacerle sentir que sus padres creen en él, que él puede hacer cosas cada vez más difíciles (subir a un tobogán más alto, saltar dos escalones, comer solo aunque se manche, etcétera). Y si se equivoca, de eso también se aprende. Por tanto, hay que ayudar al niño a que encuentre nuevas soluciones para sus problemas y a que asuma que no todo es cuándo y cómo él quiere, sino que hay unos límites.

¿Cómo podemos ayudar al niño en este proceso?
* Transmitirle cariño, confianza en sus posibilidades y comprensión ante las dificultades.
* Plantear unos límites claros y coherentes.
* Ayudarle a buscar estrategias para solucionar sus problemas. No resolváis por él ni le ‘chivéis’ la solución. Preguntadle al niño qué puede hacer.

Por último, quiero insistir en la idea de que querer mucho a un hijo no implica evitarle todos los sufrimientos. Los excesos nunca son buenos, por tanto, hay que tener cuidado de no caer en los extremos de la sobreprotección ni en los de la sobreexigencia. Ambos extremos tienen siempre más consecuencias negativas que positivas.

Marko
Admin

Mensajes : 103
Puntos : 309
Reputación : 0
Fecha de inscripción : 29/08/2010
Edad : 31
Localización : Bahía Blanca

Ver perfil de usuario http://adventistas.foro-argentina.org

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.