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Capítulo 20

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Capítulo 20

Mensaje por Marko el Mar Ago 31, 2010 8:05 am

Versículos 5.6. Señales de maldición en la segunda resurrección.-
En la primera resurrección todos surgen dotados de lozanía inmortal; pero en la segunda son visibles en todos las señales de la maldición. Todos surgen de sus tumbas como descendieron a ellas. Los que vivieron antes del diluvio, surgen con su estatura gigantesca, más de dos veces el tamaño de los que ahora viven en la tierra, y bien proporcionados. Las generaciones posteriores al diluvio disminuyeron en estatura (3SG 84-85).

Versículos 9-10,14 (Gén. 8: 1; 2 Ped. 3:10). La nueva Jerusalén protegida en medio de las llamas.-
Cuando el diluvio de aguas llegó a su altura máxima sobre la tierra, ésta tenía la apariencia de un lago sin orillas. Cuando Dios finalmente purifique la tierra, parecerá un lago de fuego sin orillas. Así como Dios protegió el arca en medio de las conmociones, del diluvio porque en ella había ocho personas justas protegerá a la nueva Jerusalén, donde están todos los fieles de todos los siglos desde el justo Abel hasta el último santo que vivió. Aunque toda la tierra, con excepción, de aquella parte donde descansa la ciudad, estará envuelta en un mar de fuego líquido, sin embargo la ciudad será protegida mediante un milagro del Todopoderoso, como lo fue el arca. Estará a salvo en medio de los elementos devoradores (3SG 87).

Versículos 12-13 (Dan, 7:9-10; Mat. 5:21-22, 27.28; 1 Tim. 5:24-25; Apoc. 11: 1; 22:14). la ley de Dios vista en una nueva luz.-
Cuando comience el juicio y todos sean juzgados por las cosas escritas en los libros, la autoridad de la ley de Dios será considerada en una luz completamente diferente de la que ahora existe en el mundo cristiano. Satanás ha cegado los ojos de ellos y ha confundido su entendimiento, así como confundió y cegó a Adán y a Eva y los indujo a la transgresión. La ley de Jehová es grande así como su autor es grande. En el juicio será reconocida como santa, justa y buena en todos sus requerimientos. Los que quebrantan esa ley, comprenderán que tienen una seria cuenta que arreglar con Dios, pues las exigencias de Dios son decisivas (RH 7-5-1901).

(Rom. 3:19; 7:12; Jud. 15.) Todos los mundos son testigos del juicio.-
Cristo quiere que todos comprendan los acontecimientos de su segunda venida. La escena del juicio tendrá lugar en presencia de todos los mundos, pues en ese juicio será vindicado el gobierno de Dios y su ley se destacará como "santa, justa y buena". Entonces será decidido cada caso y se pronunciará sentencia sobre todos. El pecado no parecerá entonces atractivo, sino que será visto en toda su odiosa magnitud. Todos verán la relación en que se encuentran con Dios y el uno con el otro (RH 20-9-1898).
Profundo escudriñamiento del corazón.-

[Se cita Apoc. 20:12.] Los hombres tendrán entonces un claro y nítido recuerdo de todos sus actos en esta vida. Ni una palabra ni un hecho escapará de su memoria. Ese será un tiempo angustioso. Y si bien es cierto que no debemos lamentarnos por el tiempo de angustia que viene, como seguidores de Cristo examinemos nuestro corazón como con una lámpara encendida para que veamos qué clase de espíritu nos mueve. Para nuestro bien presente y eterno, examinemos nuestras acciones para ver cómo están a la luz de la ley de Dios, pues esa ley es nuestra norma. Cada uno examine su propio corazón (Carta 22, 190 l).

(Sal. 33:13-15; Ecl. 12.13-14; Jer. 17:10; Heb. 4:13) Cada caso examinado.-
Aunque todas las naciones deben pasar en juicio delante de Dios, sin embargo, él examinará el caso de cada individuo íntima y escrutadoramente como si no hubiera otro ser en la tierra (RH 19-1-1886).

(Mal. 3:16-17; 1 Cor. 3:13.) Los ángeles toman nota de los hechos de los hombres.-
Todo el cielo está interesado en nuestra salvación. Los ángeles de Dios recorren las calles de estas ciudades y toman nota de los hechos de los hombres. Registran en los libros de memoria de Dios las palabras de fe, los actos de amor, la humildad de espíritu; y en aquel día, cuando la obra de cada hombre sea examinada para saber de qué clase es, la obra del humilde seguidor de Cristo soportará la prueba y recibirá la alabanza del cielo (RH 16-9-1890).

Tan exacta como una placa fotográfica.-
Todos nosotros, como seres bendecidos por Dios con la facultad de razonar, con intelecto y juicio, debiéramos reconocer nuestra responsabilidad delante de Dios. La vida que nos ha dado es una sagrada responsabilidad, y ni un solo momento de ella debe ser tomado a la ligera, pues tendremos que encontrarnos de nuevo con él en los registros del juicio. En los libros del cielo nuestras vidas están delineadas tan cuidadosamente como la imagen en la placa del fotógrafo. No sólo somos tenidos por responsables de lo que hemos hecho, sino por aquello que hemos dejado de hacer. Tendremos que dar cuenta de nuestros caracteres no desarrollados, de las oportunidades que no aprovechamos (RH 22-9-1891).

Nuestros caracteres representados en libros.-
En los libros del cielo se registran con exactitud las burlas y las observaciones triviales de los pecadores que no prestan atención a las invitaciones de la misericordia que se les hacen, cuando Cristo les es presentado por sus ministros. Así como el artista reproduce en el vidrio pulido un cuadro verdadero del rostro humano, así también los ángeles de Dios cada día registran minuciosamente en los libros del cielo una representación exacta del carácter de cada ser humano (ST 11-21903).

Registro celestial de los servicios prestados.-
Todos los que son participantes de esta gran salvación obrada por Jesucristo, están bajo la obligación de trabajar como colaboradores de Dios. En las cortes celestiales se pasa lista, donde está registrado cada nombre, y los seres celestiales responden al llamado. Allí se anota el servicio prestado por cada ser humano en la tierra. Si son negligentes, se registra; si son diligentes, se anota; o si son ociosos, ese hecho queda registrado contra sus nombres. En toda la gran masa de la humanidad ninguno pasa inadvertido. Que cada uno esté listo para responder al llamado, diciendo: "Heme aquí, Señor, listo para la acción".
El mundo espera algo de vosotros. Si no resplandecéis como luces en el mundo, alguien se levantará en el juicio y os culpará de la sangre de su alma. Se verá que tú fuiste un agente en las manos del enemigo de Dios y del hombre para extraviar y engañar por medio de tu falsa profesión de cristianismo. No condujiste las almas a la piedad y a la consagración. Tuviste nombre de que vivías; pero estabas espiritualmente muerto. No tuviste la influencia vitalizadora del Espíritu de Dios, que se da abundantemente a todos los que la piden con fe (RH 16-8-1898).


Un inventario diario.-
Dios juzga a cada hombre de acuerdo con su obra. No sólo juzga, sino que resume día tras día y hora tras hora nuestro progreso en el bien hacer (RH 16-5-1899).

Versículos 12-15 (cap. 3:5; 13:8; 21:27; 22:19). El libro de la vida.-
Cuando nos convertimos en hijos de Dios, nuestros nombres se escriben en el libro de la vida del Cordero, y allí permanecen hasta el tiempo del juicio investigador Entonces el nombre de cada individuo será llamado y su registro será examinado por Aquel que declara: "Yo conozco tus obras". Si en aquel día aparece que no nos hemos arrepentido plenamente de todas nuestras malas acciones, nuestros nombres serán borrados del libro de la vida y nuestros pecados permanecerán en contra de nosotros (ST 6-8-1885).

(Exo. 32:30-33; ver EGW com. Mat. 12:31-32.) Un castigo justo para los pecadores.-
Moisés manifestó su gran amor por Israel al interceder ante el Señor para que perdonara el pecado del pueblo o borrara su nombre del libro que él había escrito. Sus intercesiones ilustran el amor y la mediación de Cristo por la raza pecadora. Pero el Señor se negó a dejar que Moisés sufriera por los pecados de su pueblo apóstata; le dijo que aquellos que habían pecado contra él serían borrados de su libro que había escrito, porque los justos no deben sufrir por la culpa de los pecadores.

El libro al cual se hace referencia aquí es el libro de los registros del cielo, en el cual está inscrito cada nombre y están registrados fielmente los actos de todos, sus pecados y su obediencia. Cuando los individuos cometen pecados que son demasiado atroces para que el Señor los perdone, sus nombres son borrados del libro y quedan destinados a la destrucción (ST 27-5-1880).

Marko
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